domingo, 10 de octubre de 2010

Un cura implicado en la represión (4)

"Baraldini me dijo que si hablaba, me irían a buscar"
Fue la testigo más asustada, al punto que pidió seguridad para ella y sus hijos y se fue del juicio con el rostro cubierto para evitar fotos. Por primera vez  contó su historia, que incluye la pérdida de 15 embarazos, y el señalamiento directo al prófugo y ex jefe de la Policía provincial, Luis Baraldini, y al cura Alberto Espinal.
Ana María Martínez Roca en noviembre de 1975 fue secuestrada por ser la novia de Hugo Horacio Chumbita, por entonces docente y director del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de La Pampa y ambos llevados a la sede central de la Policía Federal, en Buenos Aires.  Los picanearon brutalmente y luego los trasladaron a Santa Rosa.
"Me enteré por el diario La Nación que nos buscaban. Tenía mucho miedo. No entendía qué pasaba. Nos encapucharon y nos llevaron. Nos pegaron patadas en la cabeza, en el estómago, en todo el cuerpo. Fuimos torturados en El Palomar, en una mesa de mármol con agua, en la cabeza, la boca, los pechos y los genitales", dijo y agregó: “nos trajeron a Santa Rosa en camión. Yo estaba inconsciente. Fui llevada al hospital. En esa época estaba embarazada y perdí el bebé. El único recuerdo que tengo es a un militar al lado mío, apostado como una ametralladora", detalló.
"De ahí me trasladaron a la Seccional Primera. No podía caminar. Estaba engrillada de pies y manos. Apareció mi mamá a buscarme, y habló con Baraldini porque pensó que estaba muerta. Insistió tanto en verme... tuvo una valentía fuera de lo normal. Ella murió hace un mes y gracias a ella yo estoy acá, sino estaría muerta", explicó.
Con la última frase, Ana María alcanzó a susurrar: "Esto es muy duro para mi". Y se quebró. "Cuando estaba así me fue a ver el cura Espinal. Lo único que quería saber es si era de Montoneros o andaba en algo peligroso y si sabía de las cosas que hacía Chumbita. Incluso, ese cura alguna vez fue a la casa de mi madre (cuando ella ya había sido liberada y estaba en La Plata) para ver si era cierto que vivía allí y cómo vivíamos. Yo soy cristiana, pero percibí todo. No fueron visitas de cortesía, me interrogó".

Y continuó. "En la cárcel aprendí a caminar de nuevo. Me sacaban al pasillo a la fuerza. Decían que no vería a mi madre hasta que no caminara -enfatizó-. Llegué a pesar 40 kilos. Por las secuelas (de las torturas) perdí 15 embarazos, hasta que tuve otros dos hijos. Es la primera vez que hablo de esto. Lo tuve guardado durante muchos años.”, relató.
Antes de ser liberada, Baraldini le dijo que si hablaba la “iban a buscar y a matar”. "Espero que esto no sea contraproducente para mi y mis tres hijos. Yo vivo para ellos. Me dijeron que nunca dijera nada porque sino me iban a buscar. Simplemente vine a La Pampa a conseguir trabajo como recién recibida. Y este fue el regalo", concluyó.

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