domingo, 31 de octubre de 2010

Testigo incriminó a más ex policías

Norberto Flores recordó cómo detuvieron a su padre,  Julián Flores, quien, según le testimonió, fue torturado con golpes y picana por el grupo de tareas de la Subzona 14. Incluso leyó un escrito que pertenecía a su padre, fallecido en 1996, donde daba los nombres de los torturadores.

En el listado leyó los siguientes apellidos: Constantino, Aguilera, Fiorucci, Guevara Núñez, Gauna, Reta, Escalada, Ochoa (los hermanos), Smith, Oficial Giménez y Reinhart. Referido a ellos, leyó una frase textual del manuscrito de su padre que rezaba: "Ese personal de policía debería estar preso por sus buenas condiciones de torturadores". El testigo entregó una copia del manuscrito al Tribunal.

Recordó que él fue llevado a la Jefatura de Policía junto a su padre, pero que una vez ahí, Reta le comunicó que podía irse. En cambio, le dijo que su padre debería permanecer para responder algunas preguntas. El testigo, que entonces tenía 36 años, recordó que pasaron 14 días hasta que volvieron a ver al padre.

Julián Flores era jefe del Registro de la Propiedad Automotor de la provincia y, a su vez, un conocido militante peronista en La Pampa. Ante una pregunta del abogado querellante Miguel Palazzani, respondió que su progenitor era amigo de varios funcionarios regazzolistas, los cuales "pudieron haber estado detenidos junto a él".

Recordó que las secuelas que le dejó la tortura a su padre fueron una costilla rota y los testículos "secos" por la picana. Por esto último realizó un tratamiento médico. El Tribunal le consultó si consideraba que la muerte de su padre, en 1996, estaba vinculada con aquellos padecimientos, a lo cual respondió que se debió a un paro cardíaco.

“Atado a un auto y arrastrado”

La testigo Marta Flores entregó al Tribunal el manuscrito original que su padre, Julián Flores, fallecido en 1996, escribió tras su detención en la dictadura (se lo someterá a una pericia caligráfica), donde detalló los nombres de los que consideró sus "torturadores": Constantino, Aguilera, Fiorucci, Guevara Núñez, Gauna, Reta, Escalada, los hermanos Ochoa, Smith, Giménez, Reinhart y Malagueño.
Su hija, recordó que a su padre lo sometieron a golpizas (una costilla fracturada), picana y otro muy particular: "Me dijo que lo ataron al paragolpes de un auto, junto con (Clemente) Bedis, y los llevaron a dar la vuelta alrededor de la Primera". Lo "interrogaban" sobre los campos y las vacas de Regazzoli.
Por su parte, Carlos Ghezzi, que estuvo preso 3 años, 5 meses y 15 días relató que le “vendaron los ojos, me ataron las manos en la espalda y en el primer piso de la Seccional Primera empezaron a golpearme en el estómago y a picanearme sin decirme nada. Me ponían algo húmedo en el cuello y en el estómago. Después sí me preguntaron por mi vida universitaria en el '75, ya que participaba de una agrupación (Faudi, ligada al Partido Comunista Revolucionario) opositora al golpe de Estado", recordó.
"A la tarde volvieron a interrogarme, aunque sin vendarme. Dos civiles, que se presentaron como el jefe y el subjefe de la Policía, creo que uno era Baraldini, me amenazaron con que vendrían otra vez los de la SIDE de la mañana si no hablaba. Al rato cumplieron, porque volvieron a picanearme. El torturador ponía los cables sobre una toalla y la iba corriendo de lugar para no dejar marcas en el cuerpo. El segundo día, el que parecía el jefe del grupo, Fiorucci, me dijo mientras me apoyaba una pistola en la cabeza: 'a vos no te tengo miedo, te voy a hacer cagar'. Yo le respondí: 'si sos tan asesino, tirá'. A Fiorucci lo había visto servil y genuflexo frente al jefe y al subjefe, cuando hasta se ofreció para pegarme. Lo trataron como a una basurita (sic) y se fue al rincón diciendo sí señor, sí señor...", afirmó.
Tras ser trasladado a La Plata, en diciembre de 1977 le iniciaron un juicio del que fue absuelto. De ese momento destacó al abogado Emir Di Nápoli por ayudarlo cuando era "muy difícil defender a un preso político" y recordó “una paliza tremenda” que allí le pegaron al Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.
"Estos monstruos no me deben nada a mi, puedo mirarlos a los ojos porque soy una persona decente. Nadie puede hacer lo que hicieron impunemente, ellos son los que torturaban a los vecinos de su propia sociedad. A nuestros hijos y nietos hay que enseñarles qué es ser honesto, decente y tener dignidad. Esta gente no la tiene. Se puede esperar mucha más dignidad de las prostitutas que llegaron a darme ánimo, y hasta un cigarrillo en la Seccional Primera, que de ellos", concluyó.
Quienes no podrán presentarse son otros 12 testigos, entre ellos tres de las 28 víctimas de la causa: Dully Girard de Villarreal porque vive en España y tiene problemas con su documentación, Olga Edith Juárez porque falleció (había identificado a Carlos Reinhart como quien picaneaba) y Gerardo Cansen, quien vive en Uruguay y no fue localizado.
Los otros que no testificarán serán el ex juez federal Juan de Dios Uncal, Alicia De Diego y Florencio Tancoff por cuestiones de salud; Héctor Oveseika, Pablo Viguera y el policía Humberto Gorozurreta porque murieron; Valentín Bosch y Juan Brower de Koning porque residen fuera del país y Horacio Ballesteros porque no fue ubicado.

"Me pegaron con los guantes de boxeo"

Rosa Audisio fue detenida el 25 de marzo de 1976 en su casa de General Pico, mientras dormía, en un operativo que parecía destinado "a 10 o 15 personas" por la cantidad de militares y armamentos. Al otro día fue trasladada a la Seccional Primera de Santa Rosa junto a otras estudiantes de la Universidad Tecnológica (Raquel Barabaschi, Zelma Rivoira, Rosalind Gancedo). El primer día compartió la celda junto a Zelmira Regazzoli, hasta que en un momento fue retirada porque (el jefe de Policía, Luis) "Baraldini y el obispo vinieron a visitarla" a la hija del gobernador derrocado.

Audisio relató que todas las noches durante 4 ó 5 horas se escuchaban "gritos y ruidos" provenientes de arriba y que una noche una celadora la trasladó al primer piso con los ojos vendados con "una camisa roja" propia y esposada por la espalda. "Subí la escalera, entré a un cuarto y no vi nada. Noté que habría seis u ocho personas y una luz muy fuerte, como un resplandor. Me pareció como que hacían ostentación de armas, colocándolas arriba de una mesa o escritorio, y alguien que me tiraba el humo del cigarrillo en la cara".

"El interrogatorio fue incoherente -indicó-. Me preguntaban por dónde estaban las armas, por cómo habíamos matado al sereno del aeroparque de Pico... Se ve que como no entendía hice una mueca que pudo asemejarse a una sonrisa. Ahí fue cuando recibí muchos golpes en el estómago dados con guantes de boxeo. También me amenazaron con que podía aparecer en un zanjón, ir a una cárcel de Chaco o que algo les pasaría a mis familiares. Hasta que alguien dijo 'dejala, ya va a decir en la próxima’”, rememoró.

Entre los interrogadores uno tenía "un timbre de voz distinto, parecido al de un profesor de la universidad". Las celadores le dijeron que Fiorucci era el que golpeaba. Audisio contó que cada noche vivía “la sensación de que podía repetirse" y recordó ver a Barabaschi "muy golpeada". También que le decían que "podía pasarme lo mismo que ella por lo de la picana". Durante los 15 días que permaneció detenida ilegalmente durmió permanentemente vestida y no pudo bañarse.

Un día, junto a Gancedo, les dijeron que se iban. "Baraldini nos hizo firmar unos papeles y nos dijo que debíamos callarnos y olvidarnos de todo, que a partir de ese momento nuestras vidas cambiarían, que no podía volver a la facultad y que cada vez que quisiera salir de General Pico debía avisar en la comisaría". Agregó que "no había ninguna lógica" porque ella pudo seguir cursando en la UTN y otras compañeras no.

miércoles, 20 de octubre de 2010

“Los aullidos de dolor eran desgarradores”

Otra de las ex alumnas de la Tecnológica que declaró fue Graciela Espósito, quien dijo que los represores “no estuvieran” en la sala. Fue la primera mujer que llegó a las celdas de la Seccional Primera de Santa Rosa. Allí estuvo durante 14 días y supone que por algún contacto sus tíos de la capital supieron donde estaba y le llevaron provisiones. Luego llegaron Gancedo, Rivoira, Barabaschi y Audisio, entre otros.

La mujer contó que no la torturaron y que sólo la interrogaron una sola vez. Ella fue detenida apenas producido el golpe de Estado del 24 de marzo del 76 cuando estaba en la casa de Ricardo Calvo junto a Walter Neher y Carlos Llinás. "Fue un operativo impresionante, intimidante, con tanquetas y ametralladoras. Lo detuvieron a Calvo, nos preguntaron el nombre, miraron una lista, y nos dijeron vengan", afirmó Espósito.

"Yo estaba muy mal, lloraba mucho, tenía miedo de noche, porque era difícil por las torturas, los aullidos de dolor eran desgarradores. Estar de noche ahí escuchando como torturaban era muy difícil", afirmó, y recordó que eso la llevó a pedir somníferos para poder conciliar el sueño.

"Apareció un médico a verme, estaba con Baraldini, este doctor iba por Mireya y averiguó quién era mi familia y me atendió. Era (Juan Héctor) Savioli, y me dio pastillas para dormir. Savioli pasaba, no diariamente, pero sí pasaba", recordó.

Espósito al salir quedó con libertad vigilada en la localidad donde vivía su familia, Quemú Quemú, no pudo seguir sus estudios, se quedó sin trabajo y debía avisar cada vez que se iba de la localidad. "Cortaron una vida", dijo. Aunque años después pudo recibirse de docente.

El obispo Arana retaba a los torturados

La ex alumna de la Universidad Tecnológica Nacional de General Pico,  Rosalind Gancedo reivindicó la militancia social en esa casa de estudios. Le apuntó a cuatro de los acusados: Fiorucci, Cenizo, Aguilera y Reinhart, y además confirmó  que el entonces obispo Adolfo Arana estuvo dos veces con ella en su celda.

Gancedo recordó que su primera detención se produjo en enero de 1975. “Fuimos perseguidos e intimidados en General Pico, tanto en la facultad, en la calle o en mi propia casa. Fui detenida por la policía de Pico a la que acompañaba en el patrullero (el entonces diputado nacional del PJ) Carlos Aragonés. Dijo 'esta persona es de la facultad, hay que detenerla'. Me subieron al auto y me llevaron a la comisaría por alterar el orden público y el buen nombre de las personas, y se refería a él (por Aragonés)".

Relató que el 24 de marzo del 76 fue nuevamente demorada junto a sus hermanos y Raquel Barabaschi (con quienes vivía) durante algunas horas en la Seccional Primera piquense. Regresó a su casa, pero durante la noche fue nuevamente apresada, y esta vez su destino fue Santa Rosa. Fue llevada junto a Zelma Rivoira, Rosa Audisio y otros detenidos en un camión del Ejército hasta la Seccional Primera de Santa Rosa y alojada en una celda junto con Mireya Regazzoli.

"Antes de mi primera declaración recuerdo que ingresó Fiorucci con el obispo de La Pampa, me preguntó qué es lo que necesitaba. La libertad, le dije. Y me dice que si me hubiera portado bien no estaría en esa situación". Días después, cuando ya la habían interrogado, Arana volvió a la celda, pero no quiso hablar con él.

"Me lleva una celadora, Elsa, a una oficina chiquita, me coloca las esposas y me venda. Me deja en una habitación, parada. Nadie se me acerca, hasta que luego de bastante tiempo preguntan en tono amenazante por libros marxistas, por mi ideología marxista-leninista, me dicen que no somos personas, que yo no era mujer. Eran preguntas incoherentes, y me decían que ya habían confesado Raquel, Rosa, mi hermano".

"Eran ocho personas, porque había voces diferentes y pasos. La persona que me hablaba, me tiraba el aliento sobre la cara, en la venda, tenía olor a whisky, un olor desagradable. Me apuntan un arma en la cabeza y me empezaron a preguntar otra vez por las armas. El que tenía olor a whisky y voz fina, ahora sé que es Reinhart", dijo Gancedo.

"Yo contestaba sin miedo al principio, pero este Reinhart se me puso muy cerca y me dice mirá que nosotros te podemos matar, y me pusieron el arma en la cabeza. A partir de ahí comencé a tener miedo", declaró. La mujer afirmó que no le pegaron ni la picanearon.

martes, 19 de octubre de 2010

El fiscal Bonvehí no acusará por hechos anteriores al golpe

La decisión ya está tomada, aunque no fue hecha pública. El fiscal Jorge Bonvehí acusará a los imputados de la Subzona 14 sólo por los hechos ocurridos a partir del golpe militar del 24 de marzo de 1976, pero no por los delitos que pudieron haber cometido anteriormente, durante el tramo final del gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.
Su argumento será, cuando a mediados de diciembre se escuchen los alegatos, que tiene que centrarse exclusivamente en los hechos que figuran en la acusación efectuada por el fiscal porteño Federico Delgado y que fue leída en el inicio de las audiencias. "No puede hacer otra cosa porque los represores han sido indagados por lo que ocurrió desde esa fecha en adelante", acotó la fuente.
Delgado, que redactó la acusación el 19 de diciembre de 2006, no la circunscribió exclusivamente a los hechos imputados a los represores, sino que remarcó que las detenciones ilegales y los tormentos se produjeron dentro de un determinado contexto social y económico no sólo del país, sino también de Latinoamérica.
Entre las 28 víctimas de la causa hay tres que sufrieron detenciones y tormentos antes del golpe. Todas son mujeres: Ana María Martínez, Dolly Girard de Villarreal y Raquel Barabaschi. Pero además de las víctimas hubo testigos que involucraron a algunos de los imputados en hechos previos al quiebre institucional.
¿Qué puede hacer el tribunal si la fiscalía no acusa por los hechos anteriores al 24 de marzo? Lo poco que trascendió es que los jueces han escuchado atentamente los relatos y que se han interesado en lo que pasó antes.
Ahora bien, la jurisprudencia actual de la Corte Suprema, basada en el caso Tarifeño del 28 de diciembre de 1989, indica que si un fiscal no acusa al imputado durante el debate oral y público, éste no puede ser condenado. Bajo esa mirada, el Tribunal Oral Federal debería centrarse exclusivamente en juzgar los hechos que fije Bonvehi.
Como seguramente las querellas incluirán en la acusación lo sucedido antes del golpe, la respuesta final sobre los alcances del juzgamiento quedará exclusivamente en manos de los jueces José Mario Tripputi, Mario Armando Márquez, y Eugenio Krom.

Se abre otra causa por abusos en la Subzona 14

La fiscal federal de Santa Rosa, Marta Odasso, decidió iniciar una causa de oficio por el caso de Stella Maris Barrios, quien reveló durante el juicio de la Subzona 14 que fue abusada sexualmente durante su traslado desde General Pico a Santa Rosa.  La funcionaria judicial, tomando como base lo publicado en los medios, pidió la desgrabación del testimonio de la mujer para investigar así la detención ilegal, las torturas y el abuso de los que fue víctima.
Barrios fue detenida en abril de 1976 y en el juicio contra los represores pampeanos declaró como testigo. Su testimonio fue estremecedor y también inédito, porque nunca había contado públicamente lo que le ocurrió. Dijo que le daba "miedo y vergüenza" sacarlo a la luz, y que lo tuvo "guardado mucho tiempo" por respeto a su madre, Nery Greta Sanders de Trucchi.
El abogado querellante Miguel Palazzani había pedido que se iniciara una causa de manera inmediata, pero el Fiscal de Cámara, Jorge Ernesto Bonvehí, se opuso. ¿Por qué? Aseguró que sería "dispersar esfuerzos" y pidió esperar la conclusión de las
Su caso no está entre los 28 hechos que se investigan en este proceso penal, por lo que se trata de la primera causa derivada de los hechos que se ventilan durante el juicio actual.